La Biodescodificación es el arte de acompañar a la persona a encontrar la emoción oculta, esencial (el resentir) asociada al síntoma que hay (la enfermedad) para descodificarla y así favorecer la curación mediante la liberación de la emoción que hay en el inconsciente y trascender dicha emoción transformándola. Enric Corbera

¿ PARA QUÉ MI BIOLOGÍA SE EXPRESA DE ESA MANERA?

Juana María Martínez Camacho

FORMACIÓN EN BIONEUROEMOCIÓN: Especialista en acompañamiento en Bioneuroemoción.

Diplomada:

CP-1 Bases de Biodescodificación por la aeBNE (Asociación Española de Bioneuroemoción)

CP-2 PNL (Programación Neurolinguistica) e Hipnosis Ericksoniana aplicadas a la Biodescodificación (Bioneuroemoción).

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domingo, 1 de noviembre de 2015

El impacto de las creencias.


“Cuanto más dramáticamente se viven las circunstancias, menos tiene el niño capacidad de analizarlas. Sin embargo, está empujado por la necesidad de dar un significado a lo que le ocurre, como si esta atribución de sentido valiera más que la “nada “ caótica que está viviendo”. Josiana de St. Paul.

Una creencia se coloca a partir de un acontecimiento de referencia que es a veces, un golpe.

Durante la infancia, el ser humano busca la regla del Yo (juego). Una necesidad vital le empuja a hallar un sentido a todo lo que vive. La naturaleza tiene, parece ser, horror del vacío. Cuando ocurre un suceso, le atribuye un sentido, arbitrario probablemente, pero que probablemente es el único que pueda dar en aquel momento.

A partir de una o varias experiencias, el niño generaliza. Es un aprendizaje que permite adaptarse para sobrevivir. Cuando es muy fuerte, traumatizante, una sola experiencia puede bastar para la instalación de una creencia. Hay temperamentos psicológicos para los cuales un suceso bastará, sobre todo si se remonta lejos en la infancia y que este acontecimiento está vivido con una persona significativa, padre, madre, maestro…

Así, las creencias representan una adaptación al entorno que nos permite estar vinculado con él, pero que al mismo tiempo nos aísla. Ya no vemos el entorno sino nuestras creencias. Son filtros que tenemos entre el mundo y nuestra comprensión del mundo. Percibimos el mundo a través de los criterios que queremos satisfacer, a través de las esperas (en el sentido de presupuestos) que desforman la realidad y modelan la percepción, selectiva, que tenemos de él.

Cuando el ser humano vive una serie de sucesos agradables, su inconsciente busca lo que es común en todo esto. Se construye a partir de ahí, y siempre va a buscar este elemento común. A partir de aquí, se construye y siempre buscará este elemento común. Si en su infancia tenía cumplidos, recibía la estima cada vez que conseguía algo, buscará siempre tener éxito en su vida. 

Del mismo modo, busca el factor común en los sucesos desagradables. Esto puede ser cada vez que enseñaba sus emociones, sus padres lo criticaban, le hacían la moral, o bien lo ridiculizaban. En sus actitudes, buscará apartarse de esto: evitará hablar de sí mismo, ya no enseñará sus emociones. 

Una única vivencia muy fuerte puede bastar para la instalación de una creencia, sobre todo en el niño joven en pleno aprendizaje.

Ej. Cuando vuelve de colonias, un niño descubre que su mamá dio a luz.
Repentinamente, se vuelve menos importante. Esta única experiencia crea en él un sentimiento de desvalorización y una creencia que nunca hay que marcharse, porque cuando uno se va, puede uno estar sustituido.

En el campo psicológico, todos estamos sostenidos, dirigidos por nuestras creencias. Estas tienen una estructura y un contenido. Si el contenido puede variar al infinito, la estructura en cuanto a ella, siempre es la misma: se trata de una conexión arbitraria entre dos objetos, concretos o abstractos. Esta estructura puede adquirir dos formas: la igualdad o la implicación ( A = B; A -> B).

Por ejemplo, alguien dirá (1° estructura): Amarse es mirar en la misma dirección… Está convencido de ello. Es una creencia, en la cual relaciona el hecho de amar y el de mirar en la misma dirección. Pero otros tienen la creencia que amarse, es mirarse a los ojos…

Muchas personas establecen un vínculo entre su identidad y un valor: Soy nulo, no valgo nada… Hacen un nexo entre su ser, su identidad y la nulidad: yo = nulo. Una creencia sumamente frecuente es: soy víctima de mi destino, víctima de los demás…

Existe otro tipo de unión (2° estructura): esto implica aquello.
Cuando se ama, se da todo. Pero cuando se da todo, no por esto se ama!

Las creencias son pues un nexo entre dos objetos independientes, este nexo siendo o bien un nexo de igualdad, o bien un nexo de implicación.

Al apartarnos de la realidad, nuestras creencias nos condicionan. La creencia opera como un filtro selectivo, a partir de una generalización, y va a colocar una distorsión entre lo real y nosotros, apoyándose en el hecho que cada ser humano está obligado a seleccionar la información, en todo lo que sucede alrededor nuestro y su historia…selecciona las cosas que pueden hacerle sentir placer o hacerle sufrir, en función de sus creencias. Sus creencias inducen emociones, agradables o desagradables, las cuales inducen comportamientos y a su vez, esos comportamientos van a inducir emociones.

Somos esclavos de nuestras creencias inconscientes, constantemente.

Porque casi nunca reflexionamos, conscientemente, sobre nuestras creencias. Son para nosotros unos truismos, unas evidencias. Es tan obvio que uno ya no se pregunta. Preferimos validar nuestras creencias que volverlas a plantear.

Hay que precisar que naturalmente, hay creencias que abren, son generativas y creencias que son limitativas.

Aunque sean frecuentemente, trabas terribles y la fuente de numerosos tormentos, estamos terriblemente atados a nuestras creencias.

Porque son para nosotros un modo de controlar las cosas, de organizar el mundo exterior, de racionalizar. O incluso nos permiten resolver la angustia del vacío.

Las creencias son vinculadas al sentido, al sentido de la vida, de los acontecimientos, ej. un acto insensato en el plano político, una catástrofe natural, una enfermedad grave….Si se tiene una creencia, por ejemplo de que tal persona está enferma porque hizo un pecado, como para el ciego nato del Evangelio (Es él o sus padres? Juan 9), o si es un cabeza de turco, que su sufrimiento sirve al grupo, u otra cosa… esta creencia alivia. 

Estamos tan atados a nuestras creencias porque en un momento dado, en nuestra infancia, nos ayudaron, y hemos construido un montón de cosas aquí encima. Volver a plantear nuestras creencias, sería volver a plantear todo un período de nuestra existencia, el modo en el cual hemos vivido, incluso sobrevivido.

Las creencias están aquí para construirnos, pero cuando son tóxicas, pueden destruirnos.

Nuestras creencias son nuestros maestros o nuestras sirvientas? En un primer tiempo, son nuestras sirvientas, pero se vuelven nuestros maestros.

Se puede llegar a límites extremos, la locura, la patología, el crimen en nombre de una creencia.

Generalmente, el hecho de tomar consciencia de una creencia no basta para deshacerse de ella o incluso relativizarla. Es verdad que a veces sucede que, al poner una creencia en evidencia, las personas “desprograman” inmediatamente estallando de risa… Porque de hecho la creencia había sido colocada en la infancia, con ocasión de una experiencia, luego la persona evolucionó. La creencia por así decirlo, había cogido su autonomía, se había vuelto ilógica y condicionaba a la persona. Y cuando se toma consciencia, a veces estalla de risa y ya está, se terminó, porque hizo un camino y se da cuenta que esta creencia se ha vuelto obsoleta y ridícula.

Pero otras personas quedan aferradas a sus creencias porque no tienen otras. Sólo se actúa en una creencia cuando se tiene otra de sustitución que satisface a la persona. Se trata de ensanchar las opciones, no quedarse preso de una sola creencia que puede ser tan obstaculizante.

En terapia, se buscará descubrir la creencia, se pedirá a la persona si quiere conservarla y se hallará otra nueva que satisfará la intención positiva de la primera. Por fin se podrá desestabilizar la creencia limitadora

tomando consciencia de que ésta no es forzosamente una ley, que puede haber contra – ejemplos, que otras personas pueden pensar diferentemente

y que están en buena salud, o incluso haciendo un balance de las ventajas e inconvenientes si se llega a conservar esta creencia tal cual es.
                                                                                                       Christian Fleche

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