La Biodescodificación es el arte de acompañar a la persona a encontrar la emoción oculta, esencial (el resentir) asociada al síntoma que hay (la enfermedad) para descodificarla y así favorecer la curación mediante la liberación de la emoción que hay en el inconsciente y trascender dicha emoción transformándola. Enric Corbera

¿ PARA QUÉ MI BIOLOGÍA SE EXPRESA DE ESA MANERA?

Juana María Martínez Camacho

FORMACIÓN EN BIONEUROEMOCIÓN: Especialista en acompañamiento en Bioneuroemoción.

Diplomada:

CP-1 Bases de Biodescodificación por la aeBNE (Asociación Española de Bioneuroemoción)

CP-2 PNL (Programación Neurolinguistica) e Hipnosis Ericksoniana aplicadas a la Biodescodificación (Bioneuroemoción).

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lunes, 21 de diciembre de 2015

Los ciclos biológicos memorizados ( Marc Frechet)


Nuestro organismo conserva la memoria de los acontecimientos de nuestra vida que tienen lugar según los ciclos tales como ciclos de la memoria de un duelo, de un accidente, etc.
Este ciclo es espacio-temporal. Un recuerdo se activa (pluri) anualmente. El día del aniversario de… es como si el cerebro se acordase, es como una relectura inconsciente del acontecimiento traumatizantes pasado.
El sentido biológico de esta relectura es proporcionar, mediante la puesta en situación del acontecimiento, una oportunidad extra para aportar una solución diferente y más adecuada. No olvidemos que sobrevivir es ante todo cosa de adaptarse y que debemos cambiar, aportar soluciones, a lo vivido por nuestro clan, a través de nuestra descendencia.

La biología con el cerebro como intermediario desarrollará su programa sin ningún estado de ánimo, debe ser así.
En la naturaleza todo pasa o ¡se rompe!  Todo el que no se adapta, desaparece.

Cuando durante un hecho que nos marca, un conflicto no es resuelto, puede generar un ciclo, y este acontecimiento o la misma coloración conflictual en diferentes acontecimientos es revivida en el doble de la edad del primer estrés.
Por ejemplo, un conflicto ocurrido a los 5 años de edad, y no resuelto, tendrá tendencia a reproducirse a los 10 años, los 20 años, los 40, los 80, si sigue sin resolverse.

Uno de los signos que nos conduce a explorar este tipo de ciclo es el desfase entre el acontecimiento y el síntoma. Si un hecho más bien menor conlleva una gran patología, podemos sospechar que hay una reactivación de un antiguo conflicto importante, no resuelto y escondido.

 Es como si un reloj biológico interno, que recordase todo lo que hemos vivido, y sin necesidad de que tengamos que pensar en ello conscientemente, nos sacara de nuevo de lo vivido este tipo de conflicto para que podamos arreglarlo.

Como decía C. G. Jung:
“Todo lo que no remonta a la consciencia, vuelve en forma de destino”

Así como:
“Aquello que el yo no consiguio incorporar, es patógeno”

Hay que destacar que esta inclinación del ser a reproducir las mismas actitudes en el doble de la edad, se verifica tanto para los choques como para los acontecimientos positivos.
La toma de consciencia de estos esquemas de repetición es la primera terapia, y la mayoría de las veces es suficiente para parar el proceso.


 LAS SECUENCIAS DE LA VIDA Y LA EDAD DE AUTONOMÍA

Otro elemento aportado por Marc FRECHET, que también se presenta en términos de ciclo biológico y memoria celular, está ligado a la edad de autonomía. A partir de cierta edad, ciertas fechas, el ser cambia su relación con el mundo exterior.
Con esta tónica, el paso de la vida intrauterina a la vida aérea es la primera autonomía. En el útero el ser vivo es totalmente dependiente de la madre para satisfacer sus necesidades, oxígeno, nutrientes, temperatura. A partir del nacimiento, debe respirar por sí mismo, aprenderá a alimentarse por su propia boca. En ese instante empieza el ciclo de la vida, abandona el recinto maternal.
Una vez adulto, “abandona su padre y su madre”, impuesto por la Génesis. Gana por sí mismo con qué comprar la comida y se lava los calcetines… deja el recinto familiar. 

Marc Frechet describió la edad de autonomía como la edad en la cual somos capaces de “cazar el mamut” solos, en otras palabras, podemos conseguir por nosotros mismos satisfacer nuestras necesidades alimentarias. Para él es el criterio más importante. Si una joven cambia de dependencia, de depender económicamente de sus padres a su marido, entonces el cambio de dependencia (a través del matrimonio) es el criterio. Lo mismo si nos incorporamos a la armada o a una comunidad religiosa.

Encontramos esta realidad en el reino animal. Los osos, por ejemplo, la madre defiende ferozmente su progenie. Durante la infancia de los ositos, la madre tiene un grito específico para advertirles del peligro. Al oír este grito, los pequeños se refugian en un árbol y no vuelven a bajar hasta que escuchan otro grito específico de la madre indicándoles que el peligro pasó.
Cuando la madre sabe que los ositos son biológicamente autónomos, ella misma corta el vínculo, corta el cordón umbilical por segunda vez. Emite la señal de peligro: los osos suben al árbol y ella se va definitivamente.
En cuanto a los osos, subidos al árbol, esperan la segunda señal para bajar. Están en estrés, en fase conflictual. Hay un peligro, y aun confían en la madre (exterior) para solucionar el conflicto. En ese momento, deben pasar de su referencia externa a la interna. Deben tener confianza en sí mismos, para dejar de sentirse en el miedo, no para pasar al no miedo sino sentirse en seguridad. La independencia es iniciativa de la madre, luego será del oso, que ya no es un osito. Al cruzar esta tercera fase, desciende del árbol para buscar alimento, dormir, reproducirse, etc. No es raro que esta transición sea mal vivida y que el oso sufra una pequeña depresión.

A menudo es difícil darse cuenta de su edad de independencia: muchas personas, por ejemplo, se van de casa y vuelven años más tarde, o bien, trabajan pero viven con los padres, o viven en su propio piso pero la madre les prepara la comida… Son personas que tienen dificultades en hallar su autonomía, y es una primera información muy importante. Cuando la autonomización es mal vivida o difícil, puede que sea propicio ir a buscar la dificultad de la madre en “soltar” a sus hijos.

El periodo entre el nacimiento y la edad de autonomía (generalmente entre 16 y 31 años) forma un recorrido que representa el primer bucle del ciclo. A partir de la autonomización empieza un segundo bucle, en el cual la persona repasará las mismas etapas, rehará el camino para revivir aquello que fue mal vivido, finalizar lo que no se terminó. Aquí también, un reloj biológico inconsciente repite la situación para que podamos arreglar lo que quedó suspendido. 


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